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El arte de cocinar con 

ORELLANAS

Las orellanas son un ingrediente extraordinario que aporta texturas fascinantes y un profundo sabor umami a cualquier plato. A continuación, te presentamos cinco exquisitas y prácticas formas de integrarlas en tu menú diario, desde el desayuno hasta la cena

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La regla de oro: Cero agua.

Las Orellanas son como pequeñas esponjas. Si las lavas bajo el grifo, absorberán agua y perderán su textura al cocinarlas. Límpialas suavemente con un paño húmedo o un cepillo de cocina.

Usa tus manos, no el cuchillo.

Para mantener esa textura carnosa tan característica, no las piques con cuchillo. Desmenúzalas o desgárralas con los dedos siguiendo la fibra natural del hongo. ¡Quedan mucho más ricas!

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Paciencia en la sartén.

Al cocinarlas, primero soltarán su propia agua. No te desesperes; deja que esa agua se evapore por completo para que empiecen a dorarse y concentren todo su sabor umami.

No las amontones.

Si pones demasiadas orellanas al mismo tiempo en la sartén, se van a sancochar en lugar de sofreírse. Dales espacio para que se doren parejo y queden con un toque crujiente.

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El secreto del sabor:

Las orellanas absorben maravillosamente los sabores de lo que las rodea. Alíñalas con ajo, finas hierbas, paprika o salsa soya, ¡y verás cómo atrapan cada nota de sabor!

La grasa es tu aliada.

Para lograr esos bordes dorados y crujientes, las orellanas necesitan un poco de ayuda. Un buen chorrito de aceite de oliva o un cubo de mantequilla en la sartén marcan toda la diferencia.

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El tallo también cuenta (¡Cero desperdicio!).

Aunque el tallo puede ser un poco más fibroso que el sombrero, no lo botes. Pícalo finamente para salteados o úsalo para darle un sabor increíble a cremas y caldos.

Almacenamiento inteligente.

  • Para que te duren frescas por más tiempo en la nevera, guárdalas en una bolsa de papel (como las del pan) o en un recipiente con una servilleta absorbente. ¡Nunca las dejes en bolsas de plástico cerradas porque la humedad las daña!

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El reemplazo perfecto

  • Gracias a su textura firme y carnosa, las orellanas son el sustituto ideal de la proteína animal en recetas tradicionales. Pruébalas en tacos, pastas, o hasta en un "ceviche" vegetariano.

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El toque de sal, en el momento justo.

Si quieres que suelten sus jugos rápido (ideal para cremas o guisos), ponles sal al principio. Si buscas que queden súper crujientes (como para un snack), sálalas al final de la cocción.

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